viernes, 3 de abril de 2015

VIDA EN LA CRUZ

Esta canción es fruto de la experiencia de una mirada a la Cruz.

La mirada de María, de Francisco de Asís, de Madre Carmen, nuestra mirada…

Es el grito del que mirando a la cruz de rodillas y postrado ante sus pies, descubre el amor inmenso del Crucificado que se traduce en perdón, en sentido del dolor, en vida nueva.

Cuando se experimenta este amor de Jesús brota del corazón el deseo de San Francisco de gritar: “El Amor no es amado”. Y anhelar, como Madre Carmen, enseñar a los hombres a conocer y a amar a Dios.

En su grito en la Cruz, tengo sed, Jesús nos invita a adentrarnos en este amor. Dios Amor mendiga que seamos su consuelo; tiene sed de nosotros. ¡Qué misterio tan grande!

Jesús nos regala el don de poder consolar al derramar en nuestros corazones el Espíritu Santo.

Al escuchar esta canción puedes pensar…

El deseo ardiente de Francisco de llevar en su cuerpo y en su corazón las señales de la pasión no surgió de la noche al día. Fue un largo proceso en el que el Pobrecillo de Asís fue descubriendo el Amor sin límites de su Señor. Un Amor que lo amó en su debilidad, en su pobreza, en su pecado.

La situación privilegiada para descubrir el valor de la Cruz es la misma.

Debilidad. Dale al Señor todo lo que te agobia, lo que te entristece… ¡tus heridas! Él puede transformarlas hoy en fuente de vida y alegría para ti.